LA HISTORIA DEL “HOMBRE PIANO” RESULTO SER UNA GRAN FARSA


El hombre que engañó a todo el mundo


Apareció en Gran Bretaña, mojado, sin hablar. Se dijo que tocaba el piano magistralmente. El misterio de su origen recorrió el planeta. Pero era todo mentira. No tocaba el piano ni era autista. Ahora la duda es por qué lo hizo.

Lo encontraron en abril al borde de una ruta, elegante y decadente en su traje desharrapado, empapado hasta los huesos, incapaz de decir una palabra, en la isla de Sheppey, en el sur de Gran Bretaña. Desde entonces lo llamaron “el hombre piano”, porque no hablaba pero tocaba el piano, según se decía, a las maravillas. El misterioso personaje no parecía tener origen y entre los tantos enigmas que lo rodeaban estaba el de la etiqueta de su ropa, toda arrancada, como si alguien hubiera querido eliminar todo vestigio de identificación. Ayer, el matutino británico Daily Mail reveló que el hombre piano era un alemán que se quedó sin trabajo en París y, dispuesto a suicidarse, tomó un tren a Gran Bretaña. Lejos de ser un virtuoso de la música clásica, como repitió hasta el cansancio la prensa británica e internacional, el muchacho se limitaba a tocar obsesivamente la misma tecla y producir el mismo predecible sonido. El misterio era una extraordinaria farsa.
De una familia de agricultores de Alemania, con dos hermanas, el ex “hombre piano” volvió a su modesta granja germana el sábado pasado, un día después de contar su historia a los asombrados empleados del hospital The Little Brook en Dartford, sur de Londres. A ellos les contó sorpresivamente que había perdido el trabajo y por ello intentó suicidarse. Y agregó que es homosexual.
Su trabajo en el pasado con enfermos mentales le sirvió para fingir algunos de los síntomas que tanto extrañaron a los médicos que lo atendieron y que, con certeza de facultativos, los llevaron a diagnosticar sucesivamente autismo, traumas infantiles y hasta cáncer de garganta.
Furiosos con el engaño, las autoridades del hospital quieren demandarlo por las miles de libras que les costó tratarlo de males inexistentes. Seguramente similar exasperación sienten Interpol y la Oficina de Personas Desaparecidas de Gran Bretaña, sobre todo si se tiene en cuenta que investigaron más de 800 pistas durante casi cinco meses para conseguir identificarlo.
Durante días, algunas de estas pistas dieron origen a todo tipo de hipótesis sobre la identidad del “hombre piano”. Primero fue un pianista itinerante de 24 años, Steve Villa Massone, quien resultó que hablaba a la perfección y se encontraba en el sur de Francia y no en el Hospital de Kent, sur de Inglaterra, donde habían internado al “hombre piano”. Después fue un músico sueco, Martin Sturefalt, pista prometedora porque una de las pocas respuestas del “hombre piano” había sido, cuando le mostraron un atlas, señalar una bandera sueca. Pero la cosa acabó en la nada porque el Martin Sturefalt real se encontraba en Estocolomo.
También se habló de una pista canadiense. Se supo que en 1999 un tal Phillip Staufen, de asombroso parecido fotográfico, había estado internado en un hospital de Toronto. Un dato lo emparentaba con seguridad con el “hombre piano”: tenía las etiquetas de la ropa arrancadas. Pero también esta pista terminó en la nada. Entonces apareció otra: la conexión noruega. El “hombre piano” sería un marino que había escapado de un buque noruego que se encontraba en la zona: de allí que lo encontraran con la ropa empapada.
Cientos de personas se pusieron en contacto con la oficina de personas desaparecidas ofreciendo información sobre su paradero. En algunos casos de lugares tan remotos como Japón, Australia, Canadá o Estados Unidos. La historia creó la ilusión de un misterio moderno comparable al de Kaspar Hauser, aquel niño salvaje que salió de la nada en Nuremberg en 1928 y murió cinco años más tarde, aparentemente asesinado, en la misma ciudad.
Inevitablemente, apareció un productor de Hollywood que quiso asegurarse los derechos de la historia. En su mente también debía haber pesado lapelícula Claroscuro, sobre el aclamado pianista David Helfgott, quien sufrió una crisis nerviosa mientras tocaba. Habrá que ver si ahora alguien se decide a filmar esta versión, seguramente menos gloriosa, pero con toda probabilidad más cómica. Mientras tanto, misterios quedan y muchos. Por empezar todavía nadie sabe cómo se llama y por qué decidió suicidarse o crear ese personaje que todos llamaron “hombre piano”.

Autor: Marcelo Justo
Medio: Página 12
Fecha: Martes 23 de agosto de 2005
Notas: © 2005 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
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