SE DEVELO EL MISTERIO, PERO AUN NO SE CONOCE SU IDENTIDAD


El "hombre del piano" es alemán, homosexual y no sabe nada de música


El mismo reveló su identidad, que se mantiene en reserva. Ya regresó a Alemania.


Bueno, ¿va a hablar hoy con nosotros?", preguntó la enfermera.

—"Sí, creo que sí", dijo el chico rubio. Y el enigma quedó develado. Apenas once palabras pusieron fin a un misterio que duró cuatro meses y tuvo en jaque a médicos clínicos, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales, detectives y policías británicos.

"Piano man", el misterioso joven que apareció en abril con sus ropas empapadas en las costas de Kent, en el sudeste británico; el joven que no habló una palabra desde abril, que dibujó un piano de cola cuando le dieron papel y lápiz para expresarse y que parecía tocar el piano como sólo lo hacen los elegidos, resultó ser un chico de veinte años, de Baviera, Alemania, homosexual, que cuidaba enfermos psiquiátricos en París, que se quedó sin empleo y se largó a Gran Bretaña para conseguir uno; y que humillado, desamparado, vencido a una edad tan temprana, intentó suicidarse y también fracasó.

Todo esto fue informado ayer por el diario inglés Daily Mirror, que cita una fuente anónima del Little Brook Hospital de Dartford, en Kent. También revelaron que el chico no era músico, que sabía poco y nada de solfeo y armonía y que apenas sí hizo sonar dos teclas con un dedo.

El chico habló y reveló su identidad el viernes y ese mismo día fue dado de alta y al siguiente viajó a su país, donde vive en una granja, con su padre y dos hermanas, que jamás se dieron por enterados de su drama. Michael Flugger, jefe de comunicaciones de la Embajada de Alemania en Londres, confirmó ayer a la agencia italiana ANSA que "El hombre del piano" "nació en Baviera y viajó el sábado a su país".

Alguien mintió. Y mintió mucho. El pasado martes 9 este diario especuló con el misterio de "Piano Man". Y arriesgó que alguien en el mundo debería saber algo sobre él, pero callaba. El primero en saber era "Piano Man", claro, que callaba nadie sabe ya por qué: si por miedo, por vergüenza o por alguna otra razón sólo conocida por su personalidad desmantelada. Mintieron los médicos, que hablaron primero de estrés postraumático y después de autismo, sin desentrañar el engaño perfecto de "Piano Man", que copió con la precisión de la neurosis los síntomas que vio en un hospital de París.

Mintió la familia del muchacho, que no atinó a decir es mi hermano, o es mi hijo, pese a que su cara de chico abandonado dio la vuelta al mundo y corrió por Internet. Y mintió alguien en el hospital o en las agencias de noticias sobre las supuestas cualidades musicales de "El hombre del piano", presentado como un virtuoso de Tchaicovsky y de John Lennon, cuando la realidad es que, según el Daily Mirror, parece no distinguir una clave de do de una corchea. ¿Por qué mintieron en el hospital? ¿Por qué mintieron las agencias de noticias? La vida de la gente es lo suficientemente rica o dramática, o rica y dramática, como para que intentemos enriquecerla con datos falsos. Los periodistas sabemos de esas cosas. Pero hay gente que nunca aprende.

En ese mar de mentiras, "Piano Man" se movió cómodo y, a su manera, feliz. Ni siquiera mintió: el chico simplemente dejó que creyeran. No es lo mismo. Sólo que miraba a las cámaras con esos ojos siempre incomprendidos de los desangelados, que suelen compartir los solitarios de toda soledad y los perros de las calles, que debieron encarrilar el despiste de los médicos.

Por fin, y tal vez tampoco sabremos nunca por qué, decidió hablar. Quizá por aquello de que se puede mentir mucho, mucho tiempo, pero no se puede mentir sobre todo, todo el tiempo. Dijo que llegó a Inglaterra desde París en un tren Eurostar y que estaba dispuesto a suicidarse en la costa inglesa cuando fue hallado por la Policía. Y que en el hospital dibujó un piano porque fue lo primero que le vino a la mente. Dijo su nombre y apellido, que las autoridades del hospital no darán por privacidad y el señor Flugger tampoco porque viola las leyes alemanas. "Piano Man" sigue en el misterio.

Ahora, el chico probablemente deba enfrentar una demanda millonaria por los gastos que deparó su atención y la averiguación de su identidad, que después de todo estaba al alcance del afecto.

Triste historia la del chico de Baviera, a quien ni demandas ni cónsules ni gobiernos ni prensa ni familia podrán devolverle eso que perdió y que intentó buscar en el fondo del mar.

Y también es triste que no sea músico. Mozart siempre te salva.

Autor: Alberto Amato aamato@clarin.com
Medio: Clarín.com
Fecha: Martes 23 de agosto de 2005
Notas: Copyright 1996-2005 Clarín.com - All rights reserved
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